Proceso de la presencia: consigue el equilibrio

El proceso de la presencia nos lleva a romper el estereotipo de que hay que auyentar al malestar y al dolor como si de un enemigo se tratase. Desde nuestro nacimiento, el entorno nos enseña a ocultar el dolor, reprimirlo, sedarlo, como si el malestar fuera una señal de que algo anda mal con nosotros.

Sin embargo, el dolor es parte del equilibrio físico, emocional y espiritual. Con el proceso de la presencia le damos voz a nuestro verdadero ser, y aprendemos a vivir el dolor y a atenderlo, sin reprimirlo. Esta es la forma correcta de suavizarlo y aprender de él.

Origen del proceso de la presencia

Para hablar sobre el proceso de la presencia debemos mencionar obligatoriamente a su percusor: Michael Brown. Luego de ser diagnosticado con una dolorosa enfermedad, y de probar absolutamente todas las formas para anestesiar la sensación (inluso drogas), Michael emprendió un auténtico viaje interior.

Ser consciente de si mismo y tener un profunda relación con su yo interno, lo llevó a sentir la paz y plenitud que había estado buscando desesperadamente. Fue así como desarrolló el proceso de la presencia, una formula que se convirtió en un libro, y que le ha servido a millones de personas alrededor del mundo.

Michael, durante su duro proceso, descubrió que usando la técnica de respiración conectada, con mucha concentración, comenzaba a tomar decisiones que le devolvían el bienestar emocional. A partir de esto, las experiencias externas mejoraron, y su enfermedad y dolores, también. Así entendió que el verdadero camino y la auténtica sanación, estaban dentro de él.

Cómo funciona este proceso

Antes que nada, debemos estar dispuestos a poner toda nuestra intención y atención durante el proceso de la presencia. También debemos tener muy presente que las sensaciones de malestar y dolor, deben tomar su curso. Reprimirlas o silenciarlas, sería volver a lo que siempre nos ensañaron, y eso nos llevaría al estancamiento.

La presencia interior no conoce la dificultad, ella tomará la decisión correcta, solo debemos dejarla fluir. El dolor se irá transformando, pero debemos seguir prestándole atención. Principalmente, para percibir cómo se transforma.

Hará falta la constancia y paciencia al principio. Hemos sido hostiles toda la vida con nuestro propio dolor, por lo que la transformación puede durar un tiempo. Es importante tener presente que no se trata de una cura rápida y milagrosa. Se trata de un cambio de actitud ante la percepción del malestar.

Al final, todo se basa en dejar de tratar a nuestros desequilibrios físicos y emocionales como enemigos. Y recordar que: Nada fuera de nosotros va a tener un efecto real y duradero sobre lo que está sucediendo dentro de nosotros.