La ley de atracción: materializa tu plenitud

¿Cuántas veces has escuchado sobre la ley de atracción? Una interesante propuesta filosófica, basada en la metafísica, que califica a los pensamientos como una forma de energía.

Básicamente, lo que piensas lo atraerás, sea positivo o negativo. Porque, según esta ley, los pensamientos tienen tanto poder, que son capaces de afectar al mundo exterior, y por tanto, a la realidad.

Todos somos capaces de controlar nuestro propio destino, de hacer grandes cambios en nuestra vida y de cumplir nuestros sueños. Si sabemos cómo funciona la ley de atracción, podemos lograrlo.

“Lo que piensas, lo serás. Lo que sientas, lo atraerás. Lo que imaginas, lo crearás”

Este importante mantra de Buda, es una excelente forma de resumir la ley de atracción. Según esta filosofía, todos los seres humanos somos imanes vivientes. Atraemos gente y situaciones que vibren en nuestra misma frecuencia.

Por lo tanto, si somos alegres y tenemos pensamientos alegres, nos toparemos con gente alegre. Y viceversa. Para esta ley, todo lo semejante se atraerá.

¿Pero dónde se originó esta filosofía? Pues los antedecentes datan del siglo XIX, promulgados por el Movimiento del Nuevo Pensamiento, y su fundador, William Walker Atkinson. Basándose en la idea de que el Universo está formado por vibraciones, altas y bajas, positivas y negativas, Atkinson concluyó que estas vibraciones son atraídas por otras vibraciones parecidas.

Cómo funciona la ley de atracción

La disposición mental es el primer paso y el más importante. Entender que el Universo funciona a través de energía, y que nosotros como seres humanos, también lo somos. Tener fe es fundamental para cualquier cosa que queramos lograr en la vida.

Conocernos a nosotros mismos también es primordial. El autoconocimiento es la única forma de saber cuales son nuestros verdaderos dones, y por lo tanto, qué es lo que queremos en realidad. Si no logramos definir lo que queremos, no podremos aplicar la ley de atracción.

Una vez hecha esta definición, debemos empezar a pedirle al universo. Desearlo de manera ferviente, hará que las energías se equilibren y que tu deseo se cumpla. También es imprescindible actuar, pensar y sentir, como si el deseo ya se hubiese cumplido. Básicamente, asumir que ya es una realidad.

Finalmente, abrir nuestra mente y nuestra alma a recibir lo que el universo quiere darnos. Esto es vital para que las vibraciones actuen en nuestra misma frecuencia y podamos cumplir nuestras metas, a través de esta filosofía metafísica.